Aún tenias un poco de tinto en los labios, una leve gota se escurrió hasta tu barbilla poco antes de que tus intenciones se postraran en mi. Apenas habia un rayo de luna y ya llevabas tres horas llorando sobre la hogaza de san andrés. De nada te valia a estas alturas rezar o buscar su perfume, no habia otra escencia mas intacta que la mia en derredor. Ya sus pechos no cobijarían tus versos ni tus noches se derramarian en su vientre, tu musa te había abandonado, tomó la tarde para hacer camino y vestida de azul se marcho. Ahora no importan tu llorar o tu desvío, solo que me tomes despacio y me acerques a ti y en un reproche ajeno me muerdas, me dejes entrar en ti y saciar un poco, aunque sea un poco tu dolor, el dolor de estómago que dejó al irse sin dejar la cena preparada.
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