Bajo el silencio
-Tu no lo sabes, es cierto, cómo dejé a cada paso parte del alma, cómo cada giro era un grito, cada corte un pedacito de recuerdo, cómo del contraste de baldosas nació algo tan grande y tan efímero. Ya no podré llegar a esa pista abrazada por árboles y enredaderas, que pálidamente iluminaban faroles ancestrales y aires de bandoneón. Las milongas eran más que noches de baile, eran luces tiritantes, corazones incandescentes, la vida a flor de piel. Estaba a punto de llorar frente aquel oasis derruido pero esa mirada tuya despreocupada contraría mi sentimiento, como si me dijeses “ era solo un lugar, ¿por qué te entristeces?¡Sonríe y vayamos por un café!” Aunque creas que lo sabes, estas mal, y no puedo decirte nada, no puedo explicarte si no te abrazo y lo sientes. No hay más que hacer aquí...
-Ese dejo de soberbia entre tus labios apretados y las cejas levantadas es indicio de que pronto arrastrarás la mirada hacia la derecha y de nuevo al frente para después tatuar un “estas mal” en mis narices, dar media vuelta y caminar hacia cualquier parte...lejos de mi. Seguramente esperas que te siga. No te voy a seguir. Te enojas porque no te sigo. Si te sigo te enojas porque no respeto tu sabiduría de alma ancestral. ¿ Que se supone que debiera hacer? ¿Cómo te entiendo? ¿Cuál es la necesidad tuya de dejar muy claro quién es aquí un ser superior?...Dios en el cielo y Martha en la tierra. Con lo simple que es dejarte sonreír y contagiarse de tu forma queda de hablar, como si acariciaras a cada palabra. No debí contrariarte, es cierto, con tanto roce y aún no tengo callo. Lamento que no puedas bailar bajo las estrellas, junto al río ¿ Porqué te llega tanto el tango?¿Porqué te llena y te deja vacía?,si te consuela, cantaré un tanguito tras la corriente que forma mi llanto.
A lo que no está.
Patricia García
Noviembre 2006
-Tu no lo sabes, es cierto, cómo dejé a cada paso parte del alma, cómo cada giro era un grito, cada corte un pedacito de recuerdo, cómo del contraste de baldosas nació algo tan grande y tan efímero. Ya no podré llegar a esa pista abrazada por árboles y enredaderas, que pálidamente iluminaban faroles ancestrales y aires de bandoneón. Las milongas eran más que noches de baile, eran luces tiritantes, corazones incandescentes, la vida a flor de piel. Estaba a punto de llorar frente aquel oasis derruido pero esa mirada tuya despreocupada contraría mi sentimiento, como si me dijeses “ era solo un lugar, ¿por qué te entristeces?¡Sonríe y vayamos por un café!” Aunque creas que lo sabes, estas mal, y no puedo decirte nada, no puedo explicarte si no te abrazo y lo sientes. No hay más que hacer aquí...
-Ese dejo de soberbia entre tus labios apretados y las cejas levantadas es indicio de que pronto arrastrarás la mirada hacia la derecha y de nuevo al frente para después tatuar un “estas mal” en mis narices, dar media vuelta y caminar hacia cualquier parte...lejos de mi. Seguramente esperas que te siga. No te voy a seguir. Te enojas porque no te sigo. Si te sigo te enojas porque no respeto tu sabiduría de alma ancestral. ¿ Que se supone que debiera hacer? ¿Cómo te entiendo? ¿Cuál es la necesidad tuya de dejar muy claro quién es aquí un ser superior?...Dios en el cielo y Martha en la tierra. Con lo simple que es dejarte sonreír y contagiarse de tu forma queda de hablar, como si acariciaras a cada palabra. No debí contrariarte, es cierto, con tanto roce y aún no tengo callo. Lamento que no puedas bailar bajo las estrellas, junto al río ¿ Porqué te llega tanto el tango?¿Porqué te llena y te deja vacía?,si te consuela, cantaré un tanguito tras la corriente que forma mi llanto.
A lo que no está.
Patricia García
Noviembre 2006
