Thursday, November 16, 2006

Bajo el silencio
-Tu no lo sabes, es cierto, cómo dejé a cada paso parte del alma, cómo cada giro era un grito, cada corte un pedacito de recuerdo, cómo del contraste de baldosas nació algo tan grande y tan efímero. Ya no podré llegar a esa pista abrazada por árboles y enredaderas, que pálidamente iluminaban faroles ancestrales y aires de bandoneón. Las milongas eran más que noches de baile, eran luces tiritantes, corazones incandescentes, la vida a flor de piel. Estaba a punto de llorar frente aquel oasis derruido pero esa mirada tuya despreocupada contraría mi sentimiento, como si me dijeses “ era solo un lugar, ¿por qué te entristeces?¡Sonríe y vayamos por un café!” Aunque creas que lo sabes, estas mal, y no puedo decirte nada, no puedo explicarte si no te abrazo y lo sientes. No hay más que hacer aquí...



-Ese dejo de soberbia entre tus labios apretados y las cejas levantadas es indicio de que pronto arrastrarás la mirada hacia la derecha y de nuevo al frente para después tatuar un “estas mal” en mis narices, dar media vuelta y caminar hacia cualquier parte...lejos de mi. Seguramente esperas que te siga. No te voy a seguir. Te enojas porque no te sigo. Si te sigo te enojas porque no respeto tu sabiduría de alma ancestral. ¿ Que se supone que debiera hacer? ¿Cómo te entiendo? ¿Cuál es la necesidad tuya de dejar muy claro quién es aquí un ser superior?...Dios en el cielo y Martha en la tierra. Con lo simple que es dejarte sonreír y contagiarse de tu forma queda de hablar, como si acariciaras a cada palabra. No debí contrariarte, es cierto, con tanto roce y aún no tengo callo. Lamento que no puedas bailar bajo las estrellas, junto al río ¿ Porqué te llega tanto el tango?¿Porqué te llena y te deja vacía?,si te consuela, cantaré un tanguito tras la corriente que forma mi llanto.
A lo que no está.
Patricia García
Noviembre 2006

Monday, November 06, 2006

Cuenta mis latidos
a la par de tu respiración.


La música son matemáticas, me dijo Miguel muy convencido por la tarde, y esos tangos que tanto te gustan no son más que un ritmo de tantos compases a tantos tiempos, silencios...todo son matemáticas. Asentí bajando la mirada, aunque quisiera negarlo aprendí a bailar contando “ Paso básico a ocho tiempos con traba en el cinco ¡y el uno es más largo!”- podía escuchar en mi cabeza la voz de mi instructor-“ hay que hacer pívot en los ochos” “los cortes en cuatro son un buen final”; y me fui a la milonga arrastrando el desencanto de lo que había descubierto: la vida es irónica, bajo las profundas letras no había más que aquello que aburre a los niños en las escuelas y a mi en la oficina, ¡ eso es lo que me distrae los viernes! Llegué con las pocas ganas que aún me daba la idea de saludar a los amigos, al verles ahí, felices, despreocupados, tan diversos como los estados de ánimo reunidos por una misma afección. Me sentí en familia. Me acogieron en su charla y hasta hicieron reír un par de veces. Entonces llegó un matrimonio de jóvenes, exhalando amor se abrazaron despacio, meciéndose por unos segundos antes de adueñarse por completo de aquel vals que los cobijaba. Nada tan bello como sus pasos, eran el pulso de los violines y el bandoneón. El imponía la marca del compás, ella le respondía con cadencia. Avanzaban juntos, abrazados. Era una comunicación secreta , casi íntima, que los llevaba a otro plano, a un tiempo que se detiene y eterniza a la vez, en pasión que trasciende, en sensualidad y afecto, en compañía.

No les dije nada, ni siquiera aplaudí al final junto a los demás pero les agradecía, ahora recordaba porqué volvía cada viernes, porqué a pesar de todo.

Cuando volví a casa Miguel tocaba el piano, en un intento por atenuar el comentario de la tarde tocó unas notas de Gardel para mi. Fui a sentarme junto a él y me besó sin dejar de tocar, acelerando un poco la velocidad en sus manos. Al terminar la pieza comencé a decirle que el tango no son solo matemáticas pero antes de explicarle puso su mano sobre mis labios y me dijo al oído: no, lo sé de cierto, el tango también sos vos.




Para Carlos y África,
que llevan la esencia del tango a flor de
Sin complemento
no hay totalidad.

La noche se sitúa entre los labios y las luces se convierten en querellas afónicas reflejadas en los ojos. Con un par de bailes no se obtiene mucho, ni dinero ni calor; pero se puede abrazar el instante, encomendarse a giros y trabadas para olvidar, bueno cuando se puede, cuando no uno platica de las parejas, las putas, del trabajo jamás. Lucy suele reclinarse hacia un lado mientras cruza la pierna y en un suspiro afirma lo mucho que ama la música, incluso ver bailar. Porque uno disfruta venir a ver charlar un poco con los amigos, escuchar con atención las letras entre un par de tragos, y se alisa la falda para que no se vea arrugada si la sacan a bailar. Yo le sonrío, le he sonreído siempre, cuando llegó sin conocer a nadie y me usó para colarse y conseguir un lugar en la mesa, cuando me hizo perder el tiempo al tratar de enseñarle algún paso, aún cuando al darle la espalda me apuñala. Pero se conoce de todo cuando te adentras un poco en este ambiente, y valga que estoy involucrada hasta el cuello en estas noches que atrapan mi necesidad por expresarme, esa angustia que me doblega y expone a este grado de afectación que se convierte en desesperanza porque ves la hora, ves la gente y escuchas la música y te sabes que la milonga está por terminar y comenzar la cruda, la cruda de tango que dura al día siguiente y al otro y el otro, pero el miércoles o jueves comenzarás de nuevo a pensar que la vida es una búsqueda constante, a veces desesperada que nos hace atorar el tacón en la misma grieta, por alguien que complemente. Y es que en el tango, por su naturaleza se podría pensar que el clic sería estruendoso y reviente en un gancho o –mejor aún- en un final...pero no es fácil, cada persona es un mundo, un modo distinto, hay quien va de prisa y se adelanta, quien va despacio y no avanza, quien cree que está solo en la pista y no le importa su pareja, no se fija en los demás y embebido en su soberbia lastima a su paso...todo es diferente aunque la música sea la misma, la misma que – Lucy y yo lo sabemos- anuncia terminara la milonga de hoy. Pero quise darme una oportunidad más esta noche, así que cuando su mirada me invitó a bailar sonreí y me levanté a su encuentro. Apenas me abrazó la emoción se fue a los talones. Cerré los ojos casi toda la ronda. Sin mas gracia que el acuerdo ecuánime, sin pasión en la mirada, las manos o los dientes, sin calor en la cintura bailé. El arrastre veloz de los zapatos por la duela, los ganchos y los giros atraparon la atención, quise pensar que había una posibilidad pero cuando sus pasos me llevaron a perder mi propio ritmo supe que no encontraría nada.

Es que esta angustia es crónica, apenas y me digo entre dientes cuando regreso a mi lugar, donde Lucy con una sonrisa recalcará lo lindo que bailo mientras se alisa la falda esta noche.